Ahora resulta que todo lo que nos gusta es malo: el pan, el vino, el azúcar, la carne, el queso, el café, el sol, las siestas… ¿y entonces qué nos queda? Rechaza con una sonrisa sarcástica la exageración de las modas saludables, por qué las tendencias siempre encuentran algo nuevo que prohibir y cómo sobrevivir en un mundo donde hasta respirar parece peligroso. Toma nota: el placer es sagrado, y si un croissant es pecado, prefiere ser un pecador feliz.
