Todos conocemos a alguien que vendió hasta la ropa interior para irse a buscar fortuna en otro país y ahora vuelve con una maleta vacía, cara de arrepentimiento y ganas de vivir gratis en casa de la mamá. Los viejóvenes sabemos cómo evitar que te conviertan en su benefactor involuntario y cómo responder cuando dicen: “Es que allá la vida es dura”.
