Antes la tecnología era intuitiva; ahora parece diseñada para humillarnos. El teléfono cambia de idioma sin razón, el televisor se conecta a un satélite chino y la impresora sigue siendo el enemigo número uno. Pero no nos rendiremos. Los viejóvenes exploramos técnicas sobre como «hacer que un nieto lo haga por ti sin que lo note», «usar la confusión tecnológica como excusa para evitar llamadas incómodas» y «convertir el desastre en contenido viral».
