Ellos sí entienden el arte de vivir bien: comer, dormir y juzgar a los demás en silencio. No piden que arregles la casa, no te preguntan qué estás pensando y, sobre todo, no te interrogan sobre tus planes futuros. Ellos saben que tu mayor ambición es encontrar la posición perfecta en el sillón y que tu verdadera vocación es estar tranquilo. En conclusión, los gatos son los verdaderos compañeros del viejoven sabio.