Si el infierno tuviera un VIP, estos personajes tendrían mesa reservada. Son los mismos de siempre, los que llevan décadas en el poder, coleccionando escándalos como si fueran trofeos, pero sin sufrir consecuencias. Corrupción, desfalcos, fraudes electorales, vínculos turbios… nada los toca. Su armadura está hecha de contactos, influencias y un sistema judicial que les pone alfombra roja en lugar de esposas. Mientras tanto, el ciudadano común puede ir a la cárcel por robarse un pan, pero los políticos pueden vaciar un país entero y salir sonrientes en la foto oficial. Al final, nos queda claro que la ley no es ciega, solo tiene preferidos.