Los congresistas viajan más que un influencer de lujo. Con la excusa de «fortalecer relaciones internacionales», hacen giras por Europa, Asia y América, hospedándose en hoteles de cinco estrellas y disfrutando de cenas con chefs con estrella Michelin. ¿Qué logran en estos viajes? Nada. No firman acuerdos, no generan inversión, no hacen nada útil. Pero regresan con fotos en el Parlamento Europeo y anécdotas sobre «cómo mejorar el país», que olvidan al aterrizar.
