Los políticos aman hablar de sostenibilidad, pero solo cuando hay contratos de por medio. Se aprueban proyectos «ecológicos» que terminan deforestando más que ayudando. Se otorgan licencias a empresas mineras que destruyen ecosistemas y se talan bosques para «reforestarlos» con monocultivos que benefician a amigos del gobierno. ¿Y los defensores del medio ambiente? En la mira, porque amenazan el negocio.