Aquí la ciencia no está al servicio de las farmacéuticas ni de los intereses políticos. Los descubrimientos no se esconden en laboratorios secretos y nadie patenta la cura del cáncer para seguir vendiendo quimioterapia. El conocimiento es libre y las investigaciones no dependen de financiamientos que exigen «resultados convenientes». En esta utopía, las teorías conspiranoicas desaparecen porque todo es transparente. Pero claro, sin charlatanes vendiendo mentiras, los «influencers espirituales» tendrían que buscar trabajo de verdad.
