En esta utopía, no hay hospitales que funcionan como centros comerciales. La salud es un derecho, no un negocio, y los médicos se dedican a curar en lugar de vender medicamentos. Las farmacéuticas no diseñan enfermedades para seguir lucrando y las consultas no se limitan a 10 minutos por paciente. La prevención es la norma, y los doctores ya no reciben «incentivos» por recetar más pastillas de las necesarias. Pero claro, en la realidad, esto sería un golpe mortal para la industria de la enfermedad. ¿Cómo van a dejar de vendernos miedo y tratamientos innecesarios?
