En esta utopía, los multimillonarios no esconden su dinero en islas paradisíacas. Pagan impuestos justos y contribuyen al bienestar de todos. No hay empresas «demasiado grandes para caer» que se salvan con dinero público mientras los ciudadanos siguen endeudados. Aquí, la evasión fiscal no es un deporte de élite y ningún magnate se hace más rico explotando a trabajadores mal pagados. El resultado: servicios públicos eficientes, educación gratuita y salud de calidad para todos. Pero en la vida real, los ricos prefieren seguir comprando políticos en lugar de pagar lo que deben.
