En esta utopía, la justicia no es un juego de influencias donde el que más paga, menos culpa tiene. No hay abogados que manipulan tecnicismos legales para salvar criminales de cuello blanco ni jueces que reciben sobres con dinero para «revisar el caso con más detalle». Aquí, la ley es igual para todos: políticos, empresarios y ciudadanos comunes reciben el mismo trato. Los juicios son rápidos y transparentes, y las cárceles están llenas de verdaderos delincuentes, no de pobres que robaron comida. Pero claro, en la vida real, si eres rico, la justicia es un buffet a la carta.
