Los medios informan, no lavan cerebros. No existen cadenas de noticias vendidas al mejor postor ni titulares diseñados para provocar miedo. Aquí, los periodistas investigan sin miedo a «desaparecer», y la prensa no es un brazo de los gobiernos o las corporaciones. La información es veraz, no una telenovela de intereses ocultos. ¿Y las redes sociales? No son fábricas de desinformación, sino espacios para el pensamiento crítico. En esta utopía, las fake news son historia, pero en la realidad, el que controla la narrativa, controla el mundo.