Aquí, los anuncios no venden ilusiones. No hay Photoshop en las campañas de belleza, ni productos milagrosos que en realidad no hacen nada. En esta utopía, las marcas son honestas, y los consumidores compran lo que realmente necesitan, no lo que el marketing les hace creer que necesitan. No hay influencers vendidos ni estrategias psicológicas para crear adicciones al consumo. Pero en la realidad, la publicidad es el arte de convencerte de que eres insuficiente sin su producto.
