Si Dios (o los dioses, o la simulación en la que vivimos) tiene un sentido del humor, sin duda es cruel e irónico.
- Los estoicos creían que el universo era racional. Pero, ¿qué tan racional es que la especie más inteligente del planeta destruya su propio hábitat por dinero, un concepto inventado?
- El budismo habla de la ilusión del yo. Quizás la broma cósmica es que nos tomamos demasiado en serio nuestra «individualidad», cuando en realidad somos como olas en un mar inmenso: momentáneos, efímeros e insignificantes.
- El cristianismo propone un Dios amoroso que nos da libre albedrío, pero nos castiga por usarlo mal. Suena a un juego con reglas confusas, como si alguien nos hubiera arrojado a un laberinto y perdido el manual de instrucciones.
¿Y si Dios fuera una estrategia de branding?
Pensemos un momento: ¿hay alguna marca más exitosa que Dios? No importa la cultura o la época, siempre ha sido omnipresente, con seguidores fieles, mensajes claros y un storytelling impecable.
- El marketing del miedo y la esperanza: desde la promesa del paraíso hasta la amenaza del infierno, los dogmas religiosos han aplicado la estrategia clásica del «dolor y solución» mejor que cualquier campaña publicitaria.
- Los profetas como embajadores de marca: Buda, Jesús, Mahoma, Moisés… figuras carismáticas que representan la esencia de la «marca» y la hacen accesible al público.
- El rebranding a lo largo de la historia: el Dios del Antiguo Testamento era vengativo y temible; en el Nuevo Testamento, se reinventó como amoroso y misericordioso. Un giro de imagen que cualquier empresa en crisis envidiaría.
- Los rituales y símbolos como identidad visual: desde la cruz cristiana hasta el yin-yang, las religiones han sabido crear una identidad visual poderosa que las hace reconocibles en cualquier parte del mundo.
Si Dios fuera una estrategia de branding, entonces la fe es la lealtad del consumidor. Y la competencia, bueno… basta con ver la cantidad de religiones que han surgido compitiendo por cuota de mercado.
