Las reuniones familiares pueden ser una trampa mortal de conversaciones repetitivas, preguntas incómodas sobre tu estado de salud y niños gritando. Reflexiona y hallarás sorprendentes tácticas de escape, desde fingir que tienes una clase de yoga (aunque nadie te haya visto hacer ejercicio en años) hasta el viejo truco del “ayy, no escuché el teléfono”. También ten a la mano respuestas magistrales para cuando te preguntan: “¿Te acuerdas de fulanito?” (Spoiler: no, no te acuerdas y tampoco te interesa).
