No hay nada más insufrible que alguien que cree tener línea directa con el cielo y te lo recuerda cada cinco minutos. Desenmascara a los que te predican el amor, pero en la primera oportunidad te condenan al infierno, a los que creen que Dios tiene preferidos como política y a los que ven señales divinas hasta en un tazón de sopa. Si de verdad fueran tan santos, no darían tantas ganas de evitarlos.