Antes los cumpleaños eran una excusa para beber y bailar hasta el amanecer. Ahora son reuniones aburridas donde todo el mundo se sienta, come en silencio y se va temprano porque “ya estamos viejos para esto”. Y lo peor: la torta ya no tiene velas individuales, sino un número grande… como si no bastara con las arrugas para recordarnos la edad.
