Huele delicioso, todo se ve espectacular… y la dueña y las meseras tienen cuerpos que prueban la calidad del producto. No hay duda de que el pan es bueno, pero cuando te acercas a pagar, te miran como diciendo: “¡Qué bueno verle seguido por aquí!, aunque tú sabes que gracias a su pan, estás pesando 10 kilos más”.