Nada más incómodo que ese amigo que, después de toda una vida de parranda, descubre la fe y ahora cree que el infierno nos está esperando con los brazos abiertos. ¡Y ni hablar de los que citan versículos en WhatsApp como si fueran la palabra definitiva! Querido amigo iluminado, si el más allá es como el chat de la familia, preferimos no ir.