Antes ibas a una cafetería, pedías un café y te lo daban. Ahora, parece que necesitas un curso para entender el menú y un diploma para pronunciar los nombres. Analiza la absurda transformación de lo simple en lo complicado: cafeterías donde el café tarda más en llegar que una pizza, menús que parecen acertijos y camareros que te explican el origen de cada grano como si fuera un documental. No, gracias: seguimos prefiriendo el café de toda la vida.
