Parece que ahora hay dos clases de seres humanos: los viajeros que “descubren el mundo” y los turistas que “siguen la manada”. Pregúntate por qué algunos creen que comer en un restaurante con cubiertos los hace menos aventureros, cómo responder a los que te presumen que se perdieron en una aldea sin WiFi como si hubieran subido el Everest y las trampas del turismo “auténtico” que cuesta más que una casa.
