Ellos son los que dicen defender las tradiciones, la familia y los valores. Se presentan como los guardianes del orden y la estabilidad, pero su verdadera pasión es mantener el negocio funcionando para los mismos de siempre. Hablan de meritocracia mientras heredan cargos a sus hijos, predican austeridad mientras se pasean en jets privados y se horrorizan con los impuestos… excepto cuando los usan para engordar sus cuentas en Suiza. ¿Y el pueblo? Que se conforme con trabajar hasta los 70 años y «agradecer la oportunidad de contribuir al país».