La «mermelada» no es solo un dulce para el pan, es la sustancia mágica que engrasa el sistema político. Funciona así: un gobierno necesita aprobar una reforma o una ley impopular, entonces reparte «mermelada» a los congresistas para que voten a favor. ¿Qué es la mermelada? Contratos, puestos, embajadas, favores, concesiones. Nada es gratis en política, y mucho menos el apoyo. Se reparten como si fuera una feria de dulces: el que levanta la mano, recibe su tarro. ¿Y el pueblo? Ese solo puede ver cómo se comen el festín mientras sigue esperando que algún día la mermelada le llegue… aunque sea en migajas.
