Cada gobierno promete carreteras modernas, autopistas de primer mundo y vías que conectarán hasta el rincón más olvidado del país. Pero lo que en realidad se construye es un laberinto de excusas, sobrecostos y corrupción. Los contratos se firman, el dinero se entrega, pero las obras nunca se terminan. Años después, alguien descubre que la carretera «construida» en realidad es una trocha llena de huecos y que el presupuesto se evaporó. ¿La solución? Un nuevo contrato para repararla… con los mismos ladrones que la hicieron mal la primera vez.
