Nos dicen que el voto es nuestra mayor arma en la democracia, pero ¿qué pasa cuando nos presentan un menú donde todo está podrido? Es como ir a un restaurante y que las únicas opciones sean carne en descomposición, pescado rancio o una ensalada de mentiras marchitas. ¿En serio tenemos elección? Nos convencen de que votar es la clave para cambiar el futuro, pero cuando todos los candidatos son piezas del mismo ajedrez corrupto, el resultado siempre es el mismo: los poderosos ganan y el pueblo pierde. Y si decides abstenerte, te llaman irresponsable, pero si votas por el «menos malo», te conviertes en cómplice del mismo circo. Al final, el sistema se alimenta de nuestra ingenuidad electoral.
