Los concejales no legislan, juegan Monopolio con la ciudad. Se reparten barrios como si fueran propiedades de cartón, las empresas de servicios públicos como si fueran fichas de juego, y los contratos de aseo como si fueran las tarjetas de «salga de la cárcel gratis». Su estrategia es clara: primero, se quejan del estado de la ciudad; luego, «negocian» con la alcaldía; y finalmente, terminan con jugosos contratos para sus empresas familiares o las de sus amigos. Mientras tanto, las basuras se acumulan, el agua escasea y el transporte público es un chiste… pero ellos siguen cobrando su tajada.