El descaro no tiene límites. En la fiebre electoral, cualquier promesa es válida, incluso la construcción de una cancha de fútbol para una comunidad donde la mayoría de sus habitantes son personas con discapacidad física. Cuando se les hace notar la ironía, la respuesta es aún peor: «El deporte es inclusión». Lo más triste es que la cancha nunca se construye, pero sí aparece en los informes de ejecución presupuestal. En su lugar, solo queda un terreno baldío y una jugosa cuenta bancaria a nombre de alguien muy cercano al alcalde de turno.
