Montar una ONG es la excusa perfecta para desviar dinero sin levantar sospechas. Se crean organizaciones para ayudar a los pobres, a los niños, a las mujeres maltratadas… pero el único beneficiado es el político que las fundó. Reciben contratos millonarios, organizan «eventos de caridad» que nadie ve y, al final, el dinero desaparece como por arte de magia. Cuando la prensa pregunta qué pasó, la respuesta es la misma de siempre: «Hubo problemas administrativos». Nadie investiga y todo sigue igual hasta la siguiente elección.