¿Necesitas que el Congreso apruebe una reforma impopular? Fácil: organiza una «encerrona». Se lleva a los legisladores a un lujoso hotel, se apagan las cámaras, se cierran las puertas y comienzan las negociaciones. Algunos reciben contratos para sus familiares, otros embajadas en países soleados, y a los más reacios se les recuerda que sus expedientes judiciales pueden volverse muy incómodos. Al final, la reforma se aprueba «democráticamente» y todos salen con cara de cansancio… pero con los bolsillos llenos.
