Algunos políticos son como camaleones: hoy son de izquierda, mañana de derecha y pasado mañana del centro… depende de dónde esté el dinero. No tienen ideología, solo calculadora. Si el pueblo se inclina hacia el socialismo, se vuelven revolucionarios; si la moda es el libre mercado, se convierten en neoliberales de escritorio. Lo único constante en su carrera es su amor por los contratos públicos, los cargos diplomáticos y las cuentas en paraísos fiscales.
