Los partidos políticos ya no representan ideologías, sino franquicias criminales. Son carteles con logotipos, banderas y eslóganes vacíos. Da igual si es de derecha o izquierda, todos comparten la misma misión: entrar al poder, saquear lo más posible y salir millonarios. Cada partido tiene su especialidad: algunos viven del narcotráfico, otros de los contratos de construcción, otros de la salud pública. Lo único que los une es su desprecio por la gente que los elige.