El sistema de salud no está diseñado para curar a la gente, sino para hacerla rentable. Cada año se aprueban millonadas para hospitales, pero el dinero nunca llega. En su lugar, aparecen clínicas fantasmas, medicamentos sobrevalorados y contratos inflados con aseguradoras. Los hospitales públicos funcionan sin insumos, los médicos trabajan como esclavos y los pacientes mueren en salas de espera. Mientras tanto, los políticos viajan a Miami o Suiza para sus chequeos médicos.
