Terremotos, inundaciones, pandemias… cualquier desastre es una mina de oro para los políticos. Bajo la excusa de la emergencia, se aprueban contratos sin licitación para comprar carpas que nunca llegan, raciones de comida a precios inflados y hospitales temporales que nunca atienden a nadie. La tragedia se convierte en un festival de corrupción. ¿Y las víctimas? Olvidadas, hasta la próxima elección, cuando vuelven a ser usadas como propaganda.
