Se presentan como luchadoras por la equidad, pero a la hora de saquear fondos públicos, no hay diferencia de género: lo hacen con la misma (o mayor) ferocidad que sus colegas hombres. Hablan de romper el techo de cristal, pero lo hacen para colgar lámparas de oro con dinero del pueblo. Apoyan la justicia para las mujeres… hasta que alguna las denuncia por corrupción. Entonces, la sororidad desaparece y aparece la maquinaria del poder.
