Si la política es un plato podrido, los medios de comunicación son los chefs que lo sirven con buena presentación para que parezca apetitoso. Son expertos en sazonar la información, quitar lo que no conviene y añadir un poco de drama para que el público siga entretenido. Nos dicen qué pensar, qué escándalo es importante y cuál hay que olvidar. Cuando un político poderoso cae, no es porque los medios sean justicieros, es porque alguien más grande decidió quitarlo del tablero. Mientras tanto, la verdad sigue enterrada bajo kilos de propaganda disfrazada de noticia.