Cada cámara en la calle, cada sensor en una tienda, cada foto en redes sociales alimenta bases de datos que saben quién eres, qué haces y adónde vas. Los gobiernos dicen que es por seguridad, las empresas dicen que es por comodidad, pero en realidad es para control. Un día cualquiera, tu rostro puede aparecer en una lista negra sin que lo sepas, y entonces tu acceso a transporte, crédito o empleo se vuelve un «error de sistema».
