Las guerras son tan rentables que la paz nunca será un negocio. Pero en nuestra utopía, las fronteras desaparecen y los ejércitos se convierten en bibliotecas ambulantes. Todos pueden moverse libremente sin necesidad de visas, muros o embajadas que solo sirven para espiar. ¿El resultado? Un planeta donde nadie es «extranjero», los nacionalismos se extinguen y la única rivalidad es ver qué país hace el mejor café. Sin embargo, a los que vendían armas les da un colapso nervioso, y los que viven del miedo se quedan sin empleo. Pobrecitos.
