Antes jugaban en la calle, ahora crecen frente a una pantalla. Antes hacían preguntas, ahora piden a Google que piense por ellos. Los niños ya no tienen infancia, solo dispositivos que los entretienen mientras los adultos están demasiado ocupados para educarlos. Las tablets son las nuevas niñeras y el algoritmo, el nuevo maestro. ¿Criamos humanos o programamos consumidores pasivos?