La banca ya no es un casino donde solo ganan los dueños del tablero. En este mundo, los intereses son justos, las deudas no te condenan a la esclavitud eterna y los créditos no incluyen cláusulas ocultas escritas en jeroglíficos. No hay cuentas secretas en paraísos fiscales ni rescates gubernamentales para bancos que «quiebran» después de robar a medio planeta. Aquí, la economía es un sistema de apoyo, no un mecanismo de explotación. Lástima que en la realidad, los bancos sigan siendo la versión moderna de los piratas con corbata.