El mundo laboral ya no es un infierno de horarios eternos y sueldos miserables. Aquí, el trabajo es un medio para vivir, no una condena de por vida. Se acabaron los jefes tóxicos, los contratos basura y las oficinas grises con café recalentado. Los robots hacen el trabajo monótono, y la gente se dedica a lo que realmente le apasiona. ¿Y qué pasa con el dinero? Fácil: un ingreso básico universal permite que nadie pase hambre, y los emprendedores ya no tienen que vender un riñón para empezar un negocio.